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Nalbandian y Acasuso acercaron algo más la gran ilusión de la Davis
date: 11-02-2006 a las 14:01
tennis
En el parque Roca hoy puede definirse el match. Ayer, el campeón del Masters venció a Soderling y el misionero debutante aplastó a Johansson.
Primero, las sensaciones giraron en torno a la satisfacción y enseguida a la serenidad. Después, esas vivencias se transformaron en alegría antes de mutar a la euforia. Pero sobre todo, la tarde del parque Roca aportó una ratificación: de local, sobre polvo de ladrillo, ningún país (la excepción a la regla sería una España completa) está en condiciones de poner en apuros una victoria argentina en la Copa Davis. Porque las variantes son muchas, porque la calidad de sus jugadores es impresionante y porque el apoyo de la gente se hace sentir en los momentos esporádicos de alguna duda. Argentina se puso 2 a 0 sobre Suecia en el arranque de la serie por la primera ronda de la Davis y podrá definirla con el dobles de hoy. Todo gracias a las victorias de David Nalbandian y de José Acasuso, los hombres que aportaron, en definitiva, aquellas emociones citadas al principio. Porque lo del cordobés, después de algún fugaz sufrimiento, fue de una pasmosa seguridad ante Robin Soderling mientras lo del misionero, del principio hasta el final frente a Thomas Johansson, resultó un partido perfecto, un debut soñado en el torneo por equipos más importante del mundo que justamente ha sido testigo a lo largo de sus 106 años de las historias más hermosas... como la que escribió Acasuso ayer, por ejemplo.
Pero también es justo decir que si el posadeño jugó con tanta tranquilidad, mucho tuvo que ver el arranque victorioso de Nalbandian, que ganó por 3-6, 6-2, 6-4 y 6-1. Como tantas veces, el 4 del mundo apareció frío, con errores que fundamentalmente llegaron desde su drive. Pero después que Soderling le mojara la oreja en el primer set cuando lo quebró en el octavo game, el unquillense apareció recuperado y comenzó a desgastar a su adversario con la variedad de su revés. Fue uno cruzado profundo seguido de otro paralelo; y enseguida otro chiquito, con ángulo, que abrió los espacios para definir sobre el drive. Así Nalbandian fue encontrando el camino para asegurar su 13ª victoria en la Davis en 15 partidos y prolongar su invicto como local. Es cierto que el perdedor pudo volver cuando quedó 4-2 en el tercer set y 15-40 con el saque de su rival, pero no arriesgó y luego apenas ganó uno de los 11 games restantes. No fue una soberbia actuación de Nalbandian ni mucho menos: le quebraron cinco veces el servicio y pocas veces le puso intensidad a su juego. Pero una vez más ratificó que cuando debe ganar, gana. Y eso es vital en la Davis.
Más tarde, con la gente todavía caminando por los alrededores del estadio en la búsqueda de un almuerzo, Acasuso saltó a la cancha para jugar por primera vez en la Copa a los 23 años. Había inquietud, había nervios por esa presentación y porque enfrente estaba el dueño de un Grand Slam, nada menos. Pero el 33º del mundo y reciente doble campeón de Viña del Mar se agrandó con su presente pleno de confianza, soltó el brazo enseguida, alejó cualquier fantasma y le dio a un pésimo Johansson —jugó corto siempre y por momentos sólo empujó la pelota— una lección de cómo moverse en canchas lentas. Lo aplastó por 6-1, 6-1 y 6-3 jugando como se esperaba: con un saque potente, con pelotas pesadas desde su drive que incomodaron siempre al sueco y con ese golpe cruzado que lastimó cuando se lo propuso. ¿Otra virtud de Acasuso? Nunca le permitió a Johansson volver a la cancha (o, en realidad, entrar, porque jamás apareció) y lo noqueó cuando le ganó los dos primeros sets en una paliza que seguramente no olvidará pronto.
Con todo lo expuesto, la bendita y esquiva Copa Davis ofreció un nuevo capítulo. Esta vez estuvo repleto de emociones... pero de las lindas, de las que invitan a soñar. Y al cabo, de eso se trata la Davis. Del sueño más bello.
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