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River tuvo su fiesta con varios suplentes y sin Passarella en el banco
date: 18-01-2006 a las 13:33
football
Repitió apenas tres titulares con respecto al clásico anterior, contra los cinco de Boca, y ni siquiera viajó el DT. Igual le alcanzó para tomarse revancha.


Pocos lo podían creer, acá en Salta y allá en Buenos Aires. Los postergados, los del River B, ésos a los que Passarella miró ayer por TV, lograron lo que las hoy "figuras" de River no pudieron el sábado en Mar del Plata: ganarle a Boca. Golearlo a Boca. Festejar en las narices de un Boca que, vale aclarar, también vino al Norte con más nombres de menos cartel.

No fue un gran partido del River de Héctor Pitarch, pero vaya si supo golpear a tiempo. Vaya si levantó los ánimos. Vaya si le sirve a River, sobre todo a este River, el de los jugadores que no tendrán demasiado lugar en las competiciones importantes.

Porque fue un 3 a 0 que propios y extraños recordarán por bastante tiempo. Hacía desde el verano de 2004 que River —entonces con Leonardo Astrada— no ganaba un Superclásico...

¿Hubo tres goles de diferencia anoche? No, decididamente no. De a ratos era de Boca; de a ratos era para River... Así fue pasando el primer tiempo, sin grandes emociones. Con imprecisiones —sobre todo en los primeros 15— y vértigo, principalmente a partir del pressing que intentaba poner este River de Passarella. Aunque, claro, anoche en versión Pitarch...

Nada demasiado bueno pasaba en Salta hasta que apareció una verdadera joyita: el golazo de Jonathan Santana. Y vale la pena detenerse a contar esa jugada: porque fue bueno el arranque del colombianito Toja por izquierda, porque Montenegro alargó la fantasía, porque Conca tocó deliciosamente atrás y porque, antes de que rematara el Rolfi, apareció el bombazo de zurda de Santana. No fue gol; fue golazo...

Y ahí sí, con las urgencias propias de la desventaja, Boca quiso algo más. Y fue por el empate, aunque con algunos problemas. Porque aparecía como partido este equipo de repuesto que paró anoche Basile. No tenía enganche (Cardozo intentó desempeñar ese rol) y eso se notaba. Y les dificultaba el trabajo a los dos de arriba: Delgado y el Mellizo.

Igualmente, con los trastornos del caso y sin mucha profundidad, Boca se las ingenió para merodear el empate. Primero se lo perdió el Cata Díaz en el área chica, luego de que Guarín cabeceara un tiro libre. Y, en la más clara, insólitamente la tiró por arriba Ledesma, con todo el arco a su disposición (Delgado a Cardozo, despejó Carrizo y el 8, con Guillermo al lado, la mandó por arriba del travesaño).

River perdió a su goleador (Santana, con una contractura en el gemelo, le dejó su lugar a Patiño) y se fue amoldando al 1 a 0, aunque intentó mantener la presión arriba. Boca, con esa llamativa línea de 3 que paró el Coco, no pudo encontrarle la vuelta y de esta manera se murió el primer tiempo.

El partido, en la etapa final, siguió parecido, con más gente corriendo que jugando. River le cedió el protagonismo a un Boca que no supo cómo llegarle a Carrizo. Menos que menos, cuando salió Conca y entró Nico Domingo, otro 5, otro corredor para reafirmar esa muralla en forma de doble línea de cuatro.

Para colmo de males para Boca, a los 25 apareció la segunda maravilla del clásico y... otro golazo para River: la picó notable el capitán Ahumada por sobre Silvestre, y Montenegro definió exquisito, de emboquillada, por sobre la cabeza del 1.

Pero eso no fue todo: la noche le tenía deparadas más sorpresas al River de Pitarch. Cuando empezaban los ole; ole... en las tribunas y cuando Boca ya no podía con su vida, un error extremadamente infantil del Pato —le dejó servida la pelota a Oberman, con moño y todo— permitió el 3-0. Lo hizo Cachete, otro de los postergados. Lo festejó todo River, aquí en Salta y allá en Buenos Aires, donde funciona la central de operaciones del nuevo Kaiser.

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