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Boca sigue con el envión ganador y no lo perdonó a River
date: 15-01-2006 a las 11:52
football
El debut de Daniel Passarella como técnico no alcanzó para cambiarle la imagen a River. El martes vuelven a enfrentarse en Salta.
El viento, fuerte, no alcanzó a llevarse de Mar del Plata las malas horas de River. La lluvia, persistente, no alcanzó a desdibujar esa sonrisa —no menos persistente— que vive en la boca de Boca desde hace tiempo. Porque perdió River, porque ganó Boca. Se dio la lógica: el equipo que anda en busca del brillo le ganó al que todavía no sacó su DNI como equipo.
Aún en verano, durito y todo, Boca apeló a su oficio, se reencontró con su oportunismo y, claro, con los festejos. En otras palabras, el Boca de Alfio Basile arrancó el 2006 de la misma manera que terminó el 2005. Daniel Passarella, vale recordar, llegó apenas hace tres días a apagar el incendio que provocó la renuncia de Reinaldo Merlo. Pero River, todavía, sigue en llamas.
El campo de juego empapado generó dificultades para unos y otros. Y aunque hubo mucho vértigo, sobraron imprecisiones. Bajo esa coyuntura, River hizo las cosas un poquito mejor que Boca en el primer tiempo. Sin embargo, se quedó a mitad de camino. Si de apellidos se trata, el equipo de Daniel Passarella es muy parecido al de Reinaldo Merlo. Pero la actitud es diferente. Claro que para lograr el objetivo de presionar más arriba se necesita mayor resistencia física. Pero la renuncia de Merlo y el escándalo Gallardo alteraron la pretemporada. Y a River no le dio el cuero para mantener la postura.
Por si fuera poco, la dupla ofensiva no tuvo peso específico. Se sabe, Gustavo Oberman y Daniel Montenegro no son los delanteros titulares. Con Radamel Falcao y Ernesto Farías recuperándose de lesiones y Mauro Rosales y Luciano Figueroa pretendidos pero en Europa, River padeció de anemia en ataque. La más clara nació en los pies de un volante: Jonathan Santana quedó cara a cara con Abbondanzieri y remató por encima del travesaño.
No alcanzaba el pressing de Andrés San Martín, siempre firme pero pasado de revoluciones en la marca, ni el partido interno de Gallardo. Reprochado por sus propios hinchas, el Muñeco sólo busca dar que hablar por su juego. Y en el primer tiempo estuvo lúcido. Metió un sombrero, un pase gol y algunos destellos.
Pero Boca mostró la imagen que lo consagró: aun sin jugar mejor que su rival, generó las mejores situaciones. Con Matías Silvestre sólido atrás, despojando de nostalgias a los hinchas por la transferencia de Rolando Schiavi, y Rodrigo Palacio inquieto y explosivo adelante, igual que en el último tramo del Apertura, viajó tan sonriente como ganador al entretiempo. Será que tiene la suerte del campeón, nomás. Porque en jugadas similares, River falló y Boca facturó. A la media hora exacta, Abbondanzieri quiso tomar con sus manos un centro de Gallardo, la pelota se le escapó y Hugo Ibarra salvó su error. A dos minutos del final de la primera etapa, Pablo Ledesma mandó un pelotazo, en la medialuna Leonardo Talamonti rechazó mal, Juan Krupoviesa sacó un potente zurdazo y Germán Lux tuvo un error de criterio para un arquero en cancha mojada: quiso embolsar la pelota. Y el rebote terminó en la red después de un cabezazo de Palacio.
En el segundo tiempo, Boca encontró más felicidad casi de manera instantánea con un jugadón de Ibarra. El Negro recibió un pase de Sebastián Battaglia contra la raya y se contagió de Sergio Agüero, el crack de Independiente. Perseguido por Víctor Zapata, encaró a Federico Domínguez y enganchó hacia adentro; enfrentó a Leandro Fernández e hizo la gran Pelé, tocó la pelota hacia afuera, superó a su marcador por adentro, la picó cuando salía desesperado Lux y Palacio mostró su voracidad goleadora.
Parecía partido liquidado. Sin embargo, Montenegro hizo rena cer las esperanzas de River. Jairo Patiño desbordó por derecha, se equivocó Daniel Díaz y el Rolfi la mandó a un rincón. Estuvo cerca del empate River con el ingreso de Gonzalo Aban, riojano de categoría ´87, y una reacción de diez minutos. Pero no alcanzó. Y el Cata enmendó su error: después de una i
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