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Boca: La confirmación
date: 12-12-2005 a las 14:21
football
Al final del año, Boca encontró el funcionamiento que le dio regularidad y, en su mejor momento, quedó a un paso de ser campeón en el Apertura y de ganar la Sudamericana.


Los números suelen ser una evidencia irrefutable. Pero no caen del cielo, generalmente. Hay que construirlos con méritos futboleros. Internos, en el juego. Y externos, en el convencimiento de la idea, en la fortaleza psicológica para desarrollarla, individual y globalmente. El azar influye, pero es imprevisible. A veces juega a favor y otras, en contra. No se puede confiar en su ayuda. Estos son los elementos que construyen las campañas deportivas. Boca, de pronto, en el tramo final del año, se encuentra en la disputa máxima de las dos competencias: el Apertura y la Copa Sudamericana. Está a un paso de cada consagración. Y depende de sí. Una victoria ante Olimpo, en Bahía Blanca, garantizará una vuelta olímpica. Y otra, ante Pumas, de México, en la Bombonera, posibilitará otra. Y no se computan las alternativas secundarias (otro tropezón de Gimnasia o un empate en cero con los mexicanos). Dos triunfos, dos títulos simultáneos, algo que no abunda. Pero eso es pura matemática, que no tiene seguro, que se puede dar al revés en una o en las dos apuestas. Y que cambiaría ánimos y conceptos de los exitistas. Pero mientras, en la vigilia, se puede reflexionar.

Para este Boca el compromiso de ir a ganar no es nuevo. Al cabo, lo asumió en todos sus partidos, con rendimientos dispares, mejores y peores. Sólo una ilusión óptica (de conveniencia) pareció enmarcar el empate con River. Entonces, ya es un mérito la idea generosa de no especular.

Cuando Alfio Basile llegó a Boca, respaldado por Diego Maradona, pero observado con extraña desconfianza por una parte de su gente, hizo dos promesas públicas: jugar a ganar en todos lados y lograr un equipo en el que se conociera de memoria el nombre de sus integrantes. La habían ofrecido un plantel de muy buenos jugadores. Entonces, se le redoblaba la exigencia y la urgencia. Y abundaron las presiones. ¿Por qué no juega Guillermo? ¿Hasta cuándo aguantará la irregularidad de Insúa? ¿Quién trajo a Krupoviesa? ¿A qué juega Boca? ¿Siempre, Palermo? Y cien reclamos más, mientras el equipo buscaba su identidad. A pocos se les ocurrió pensar que el ensamble de los más aptos también necesita rodaje porque hay que conciliar condiciones y solidaridades. Hasta que se dieron unos días negros y dos derrotas ante Colón y Arsenal. No se atendieron razones de lesionados, suspendidos o seleccionados, que habían diezmando al equipo.

Pero ya había pasado el tiempo suficiente y era necesaria la confirmación. El equipo se sabía de memoria, tal lo prometido. El crucial partido con Vélez —el rival acérrimo de ese momento— era la prueba a pasar. La superioridad fue aplastante. Pero apareció Gimnasia en escena. Y en la Copa, el empate ante la Católica, en la Boca, volvió a levantar fantasmas. Pero hubo triunfo en Chile. Y el primer tiempo ante Pumas, en México, fue una gran demostración futbolera. Seguían los mismos nombres y ya funcionaba el engranaje. El nuevo obstáculo se llamaba Independiente. Y terminó arrasado, especialmente al final. Gimnasia tropezó y cambió la taba. Ahora depende de Boca. En un desafío al cansancio y a la simultaneidad tan esquiva. Por propia voluntad. Con el equipo sabido de memoria. Podrá darse o no. Pero las promesas están confirmadas.

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