Euro Argentine - Noticias

El equipo de Basile perdió con Colón el domingo y no puede dejar más puntos en el camino. Boca tendrá muchas ausencias importantes.
date: 17-11-2005 a las 13:04
football
En tres minutos, en el umbral del último cuarto de hora del partido, Riquelme, Cruz y Ayala sellaron una goleada previsible. La labor fue deslucida.

Esa cara de Riquelme cuenta el partido mejor que nadie. Más alivio que festejo como reacción inicial ante su gol, el primero de Argentina. Setenta minutos y diez segundos le costó a la Selección romper el cero ante el modesto Qatar. Después, explicando también la realidad de un choque desparejo, llegaron los goles de Cruz y de Ayala en seguidilla. En tres minutos, el equipo de Pekerman selló el 3-0 que sirve para disimular una actuación deslucida, fría.

El tiempo dirá si la tarde de Doha quedará como una anécdota o como un llamado de atención. O quizás como las dos cosas. En principio, el técnico quiso aprovechar un amistoso clase B para hacer algunas pruebas, lo que de ninguna manera está mal. Aunque la principal, la más audaz y sorpresiva, no le haya salido bien: ubicar a Maxi Rodríguez como lateral derecho. El volante de Atlético de Madrid no logró aportar en ataque como se esperaba y tuvo problemas con el mejor jugador rival, Hussin Yasser, que sorprendía por su sector. Pero lo peor de la movida es que afectó otras funciones. Como el doble cinco que ejercieron Battaglia y Demichelis (ideado para compensar las subidas de los laterales), porque ninguno de los dos supo ofrecerse como salida limpia. No es lo mismo una dupla con un volante de marca y Cambiasso que con dos que tienen estilos parecidos y más bien defensivos. Encima, con Sorin suelto en el lateral izquierdo, en el fondo muchas veces quedaban Ayala y Samuel con toda la responsabilidad. El dibujo elegido era una defensa de cuatro, con dos laterales bien ofensivos. La realidad mostró otra cosa: desorden, confusión y escasa salida.

Otro intento de Pekerman fue juntar a dos chiquitos en ataque, sin una referencia de área tipo Crespo, aunque los últimos diez minutos del primer tiempo Bilos jugó en esa posición y Messi se retrasó. Leo arrancó por derecha y encendido: en cada pelota dejaba al menos a un rival atrás o lo bajaban de una patada, pero de a poco empezó a equivocarse en la última jugada. Saviola, en cambio, fue parejo: en ningún momento sobresalió y se lo ve lejos del explosivo Pibito que exigía una chance en el Barcelona. Además, Riquelme parece no encontrarle aún el tiempo a Messi y —¿por eso?— lo busca poco.

En el juego (no sólo en el festejo que no fue), Román también resultó ser el termómetro de la Selección. Jugó unos primeros 45 minutos unplugged, en una versión partido liviano, y encima demasiado adelante y sin hacerse eje de la circulación. Luego, cuando se enchufó (un poquito) metió el primer gol, asistió a Cruz para el segundo y tiró el córner para el tercero de Ayala (el goleador de la gira). Su talento, aún en dosis homeopáticas, le alcanzó a Argentina para resolver un amistoso que nunca debió estar comprometido. Sí, la Selección es Riquelmedependiente. ¿Alguien tenía alguna duda?

El problema de Maxi Rodríguez como lateral (aunque el intento merezca otra oportunidad) se arregló con el ingreso de Coloccini por Demichelis. Qatar, un rival entusiasta pero aún así limitado, ya casi no molestó a una defensa plantada con tres centrales de oficio europeo y un Sorin flotante (entre paréntesis, habría que revisar su posición: volvió a superponerse con el volante de ese lado, esta vez Bilos, y a aportar poco en ataque). Argentina recuperó la pelota que extrañamente había compartido con el local, pero el gol no llegaba. A los 15 del segundo tiempo, Pekerman renunció a la fórmula de los dos chiquitos y también al más grandote: Cruz entró por Bilos y Lucho González por Saviola. Más tradicional en el esquema, Riquelme tuvo compañía con Lucho a su derecha y Maxi a su izquierda, más un nueve-referente clásico con Cruz.

El cero agobiaba a los jugadores argentinos, se notaba, más que el calor. Samuel pegó un par de patadas nada amistosas, Messi intentó resolver individualmente lo que el equipo no sabía cómo, hasta que Riquelme y el cómplice (sólo en este remat

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